Entre selfis en las cumbres y residentes que se marchan, los Dolomitas de Belluno buscan un equilibrio que el turismo de masas amenaza con romper para siempre.
Cuando el Comité de la UNESCO reconoció los Dolomitas como Patrimonio de la Humanidad en 2009, nadie habría imaginado que aquella certificación de excepcionalidad pudiera convertirse en un arma de doble filo. Hoy, dieciséis años después, las cifras cuentan una historia más compleja: un territorio de extraordinaria belleza que apenas logra soportar el peso de su propio éxito.
Un patrimonio que se convierte en problema
Las Tre Cime di Lavaredo, el lago de Braies, el Passo Giau: lugares que hasta hace pocas décadas frecuentaban alpinistas y amantes de la montaña bien equipados son hoy literalmente asaltados por turistas a menudo poco preparados, atraídos por imágenes de las redes sociales que vuelven estas cumbres tan irresistibles como artificiales. El Instituto Demoskopika, en su informe de 2025 sobre el Índice Global de Saturación Turística (ICST), sitúa el Alto Adigio —y con él todo el arco dolomítico— entre las áreas italianas con mayor presión turística, junto a Rímini y Venecia.
Sin embargo, el fenómeno presenta en los Dolomitas características específicas que lo hacen particularmente insidioso. No se trata solo de aglomeración: es la concentración temporal y espacial del flujo lo que genera el daño. Miles de visitantes convergen en unos pocos puntos icónicos, a las mismas horas del día, para inmortalizar la misma instantánea. El resultado es una experiencia degradada para el propio turista y una presión insostenible sobre los ecosistemas de montaña.
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Cuando los turistas superan a los residentes, la montaña deja de ser un lugar vivido y se convierte en un plató fotográfico al aire libre.
— Istituto Demoskopika, Índice de Saturación Turística 2025
Las consecuencias sobre el territorio bellunés
El caso de Auronzo di Cadore es emblemático. El padrón municipal ha bajado por primera vez de los tres mil residentes —eran más del doble en la segunda posguerra— mientras cada verano el pueblo acoge hasta veinticinco mil pernoctaciones turísticas entre hoteles y casas particulares. Este desequilibrio demográfico no es un caso aislado: se repite en casi todos los municipios de la provincia de Belluno que gravitan en torno a las principales atracciones dolomíticas.
La «marca Dolomitas», potentísima también en el extranjero, ha arrastrado al alza los precios de los alquileres en un radio cada vez más amplio. Las plataformas de alquiler de corta duración han canibalizado el mercado residencial: para los propietarios es mucho más rentable alquilar a turistas por semanas que a trabajadores locales por años. La paradoja es que hoy incluso quien gestiona establecimientos turísticos tiene dificultades para encontrar personal dispuesto a trasladarse, porque no hay alojamientos a precios asequibles. Quien está dispuesto a reservar alojamiento hasta a 50-60 kilómetros de las montañas por el mero atractivo de la marca deja a los trabajadores de temporada sin dónde alojarse.
📌 El caso de Longarone: la masificación a distancia
El fenómeno no perdona tampoco a los centros alejados de las cumbres. La residencia de mayores de Longarone, a más de 70 kilómetros de las Tre Cime, tiene dificultades para encontrar personal por el mismo motivo: no hay viviendas disponibles a precios ordinarios. Incluso las empresas del distrito de la gafa de la «Longarone Valley» no consiguen atraer directivos y operarios. En toda la provincia de Belluno se repite la misma dinámica: el GAL Alto Bellunese ha tenido que publicar convocatorias de trescientos mil euros cada una para financiar la rehabilitación de edificios destinados a los trabajadores.
Seguridad y fragilidad de los ecosistemas
La masificación turística dolomítica trae consigo también un dramático problema de seguridad. Entre junio y julio de 2025 el Cuerpo Nacional de Socorro Alpino registró un aumento del 20% de las intervenciones respecto a los años anteriores, con 83 muertos y 5 desaparecidos. La causa recurrente: turistas poco preparados que se aventuran por senderos exigentes atraídos por el deseo de reproducir la fotografía vista en Instagram, sin formación técnica ni equipamiento adecuado.
El daño ambiental es igualmente grave. El aumento del tráfico de vehículos en los fondos de valle y en las carreteras de montaña genera contaminación atmosférica y acústica que perturba la fauna salvaje. Los senderos, no diseñados para decenas de miles de pasos estacionales, ceden a la erosión. La vegetación de alta cota, ya frágil por las condiciones climáticas, es pisoteada por quienes se salen de los trazados para sacar la foto perfecta.
Las respuestas: ZTL, cupos de acceso y nuevos mercados
Las respuestas institucionales se multiplican, aunque todavía fragmentarias. Las Zonas de Tráfico Limitado ya están operativas en algunas áreas sensibles como el lago de Braies. En las Tre Cime se discute desde hace años un cupo de accesos diarios, siguiendo el modelo de lo que ocurre en Venecia. El presidente de la Región del Véneto Luca Zaia ha propuesto una aplicación para gestionar las entradas, y se ha planteado la introducción de tiques de acceso a las áreas más frecuentadas.
La respuesta de la Provincia de Belluno apuesta por la desestacionalización: distribuir los flujos a lo largo de todo el año en lugar de comprimirlos en los meses de verano e invierno. En esa dirección se mueve también la Fondazione DMO Dolomiti Bellunesi, que ha abierto nuevos mercados —de China a Estados Unidos— para atraer visitantes en periodos de temporada baja. Solo en 2025, entre junio y septiembre, se estima la llegada de unas 4.000 pernoctaciones chinas, un fenómeno inédito posible también gracias al nuevo vuelo directo Shanghái-Venecia.
Las principales medidas ya en marcha o en discusión:
- →Zonas de Tráfico Limitado estacionales en las principales carreteras de acceso a lagos y puertos dolomíticos
- →Cupos de entrada en las áreas más sensibles con reserva obligatoria en línea
- →Inversiones en transporte público local para reducir la presión del tráfico privado
- →Convocatorias GAL para la rehabilitación de edificios destinados al alojamiento de los trabajadores de temporada
- →Campañas de educación al respeto de la montaña dirigidas a los turistas, también en lengua extranjera
- →Promoción de itinerarios alternativos lejos de los hot spot más congestionados
El futuro: ¿qué turismo para los Dolomitas de Belluno?
El nudo central sigue abierto: ¿es posible hacer convivir un turismo económicamente viable con la preservación de un territorio que ha recibido la máxima certificación mundial de singularidad? La respuesta no puede ser ni el bloqueo de los accesos ni la resignación al deterioro progresivo. Exige una visión integrada que ponga en el centro no el número de visitantes, sino la calidad de la experiencia y la sostenibilidad para quien vive en los Dolomitas todo el año.
Los Dolomitas de Belluno, históricamente menos «desarrollados» turísticamente que los dominios del Alto Adigio y del Trentino, tienen todavía la oportunidad de elegir un modelo distinto: un turismo lento, consciente, distribuido por el territorio. El reto es no desperdiciar esta ventana de oportunidad, aprendiendo de los errores de las áreas que ya están pagando la masificación en su propia piel —y en su propia piedra.
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Fuentes: Istituto Demoskopika – Indice Complessivo di Sovraffollamento Turistico 2025; Linkiesta.it; IrpiMedia; Il Dolomiti; Corpo Nazionale Soccorso Alpino e Speleologico; Fondazione DMO Dolomiti Bellunesi; Regione Veneto; Provincia di Belluno; GAL Alto Bellunese. Datos actualizados al verano de 2025.
Foto de portada: Mattew Gave: https://www.pexels.com/it-it/foto/paesaggio-cielo-nuvole-esterno-10487641/

