La montaña no es nuestra: cómo vivir los Dolomitas con libertad y respeto

La montaña no es nuestra: cómo vivir los Dolomitas con libertad y respeto

La montaña es de todos precisamente porque no pertenece a nadie. Podemos recorrerla, conocerla y dejar que su belleza nos transforme. Pero no podemos comportarnos como si cada bosque, sendero y pasto estuviera a nuestra exclusiva disposición.

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Caminar por los Dolomitas significa adentrarse en un entorno vivo, no en un decorado construido para nosotros.

Foto: Mattia Revelant, Unsplash License.

Hay un dicho que se repite a menudo cuando se habla de montaña: «La montaña es de todos». Es una afirmación bonita, pero incompleta. Si significa que nadie debería quedar excluido de la posibilidad de encontrarse con la naturaleza, respirar en el bosque o recorrer un sendero, entonces es un principio que hay que defender. Si, en cambio, se convierte en la excusa para hacer lo que queramos en cualquier sitio, pierde por completo su sentido.

La montaña no es un parque de atracciones, ni una pista privada, ni un telón de fondo puesto a disposición de nuestros contenidos para redes sociales. Es un sistema complejo en el que conviven animales salvajes, bosques, torrentes, prados, pastos, actividades tradicionales, propiedades, visitantes y comunidades locales. Nuestra libertad de atravesarlo solo existe mientras no comprometa la vida, la seguridad y la libertad de los demás.

No somos dueños del bosque porque lo recorramos cada domingo. No somos dueños del sendero porque lo hagamos en bicicleta, ni del prado porque a nuestro perro le encante correr suelto por él. Somos huéspedes, y un huésped respetuoso intenta comprender dónde se encuentra, quién vive en ese lugar y qué huella dejará tras su paso.

Proteger no significa cerrar

Existe una contraposición equivocada que reaparece en muchos debates: de un lado, quienes querrían una montaña accesible; del otro, quienes querrían protegerla. En realidad, disfrute y conservación no son enemigos. Un entorno que se conoce y se vive con conciencia se comprende, se ama y se defiende con más facilidad. Pero «accesible» no puede significar «sin límites».

Una zona frágil puede requerir un cierre estacional. Un recorrido concurrido por familias y caminantes puede no ser compatible con bicicletas lanzadas cuesta abajo. Un área de reproducción de la fauna puede exigir más silencio y atención. Un itinerario apto para caballos puede no coincidir con un sendero estrecho, expuesto o fácilmente erosionable. Son diferencias concretas, no juicios morales sobre las personas o las actividades.

El Parque Nacional de las Dolomitas de Belluno recuerda que su patrimonio es extraordinario pero frágil y que la visita debe realizarse sin dañarlo. El reglamento regula, entre otras cosas, las bicicletas, los vehículos a motor, la acampada y la recogida de setas; además, prohíbe comportamientos como encender fuego, recoger flores, dañar las plantas y molestar a los animales.

Atención: las normas cambian según el espacio protegido, el municipio, el tipo de carretera o sendero y las posibles ordenanzas temporales. Antes de salir hay que consultar siempre las indicaciones del organismo competente y la señalización del lugar.

Perros: la correa no es un castigo

La correa protege a la fauna, a los demás usuarios del sendero y al propio perro. Foto: Annie Spratt, Unsplash License.

Quien quiere a su perro desea llevarlo consigo. Es comprensible, pero el cariño no elimina el impacto que un animal doméstico puede tener en el entorno. Incluso el perro más tranquilo conserva olores, curiosidad e instintos que la fauna salvaje percibe como una posible amenaza.

En el Parque Nacional de las Dolomitas de Belluno los perros deben ir siempre atados con correa. No es una medida contra los animales: sirve para evitar persecuciones y molestias a la fauna, encuentros complicados con otros perros, personas o ganado y situaciones peligrosas para el propio animal doméstico.

Recoger los excrementos, no dejar bolsas a lo largo del camino, mantener la distancia con los animales que pastan y respetar las posibles prohibiciones son gestos elementales. Decir «mi perro es bueno» no puede sustituir a una norma válida para todos.

Bicicletas y e-bikes: no todo rastro es una pista

Ciclista en bicicleta de montaña por una pista forestal
La velocidad y el firme del recorrido cambian la compatibilidad entre bicicletas y caminantes. Foto: Sunil Chandra Sharma, Unsplash License.

La bicicleta es un medio extraordinario para conocer el territorio y puede representar una forma de movilidad de bajo impacto. Pero una bicicleta, sobre todo cuesta abajo, se mueve con velocidades y distancias de frenado muy distintas de las de un caminante. La e-bike, al hacer más fácilmente alcanzables desniveles y distancias considerables, amplía el número de usuarios y hace aún más necesarias la información y la responsabilidad.

Dentro del Parque se puede pedalear por las carreteras estatales, provinciales y municipales y por muchas pistas forestales y ganaderas autorizadas. Sin embargo, la página oficial dedicada a los itinerarios en bicicleta precisa que algunas pistas forestales están cerradas y que el tránsito de bicicletas por los senderos está prohibido.

Respetar esta distinción no significa estar en contra de la bicicleta de montaña. Significa orientar cada actividad hacia recorridos adecuados, reducir conflictos y accidentes, limitar la erosión en los puntos más delicados y garantizar una experiencia mejor para todos.

A caballo: una forma antigua de viajar que necesita recorridos adecuados

A caballo por un camino de tierra de montaña
El turismo ecuestre puede poner en valor el territorio cuando utiliza itinerarios compatibles y autorizados. Foto: fuente de Unsplash indicada en las notas operativas.

Recorrer un territorio a caballo crea una relación lenta y profunda con el paisaje. También esta actividad, sin embargo, necesita trazados adecuados en anchura, firme, pendiente, seguridad y convivencia con los demás usuarios.

En el Parque Nacional de las Dolomitas de Belluno, el excursionismo a caballo está permitido en las zonas C y D, que abarcan aproximadamente algunos valles y áreas específicas, y en diversas pistas forestales. El Parque propone una selección de recorridos transitables a caballo. También aquí la solución no es la prohibición generalizada, sino la elección consciente de dónde es compatible la actividad.

También quien camina puede ser maleducado

Sería demasiado cómodo atribuir todos los problemas a los perros, las bicicletas o los caballos. Quien va a pie no obtiene automáticamente un carné de sensibilidad ambiental. Se sale del trazado para atajar, pisotea prados, arranca flores, abandona pañuelos y basura, deja las cancelas abiertas, grita, usa altavoces, se acerca a los animales para hacer una foto o entra en propiedades y pastos sin el menor cuidado.

El respeto no depende del medio, sino del comportamiento. La montaña no distingue entre botas, ruedas, patas y cascos: registra las consecuencias de cada paso.

Hacen falta normas claras, no carteles incomprensibles

Las normas funcionan cuando son razonables, visibles y fáciles de conocer antes de salir. No basta con colocar un pequeño cartel al inicio de un itinerario. Hacen falta mapas actualizados y un sistema compartido capaz de indicar, para cada recorrido:

  • si se admiten perros y en qué condiciones;
  • si es obligatoria la correa;
  • si pueden circular bicicletas y e-bikes;
  • si el recorrido es compatible con el excursionismo a caballo;
  • si existen limitaciones estacionales;
  • si hay pastos o zonas sensibles para la fauna;
  • qué organismo ha establecido la norma y cuándo se actualizó;
  • qué dificultades, peligros y condiciones de accesibilidad presenta.

Un mapa digital de este tipo sería útil para los visitantes, pero también para refugios, guías, operadores turísticos y residentes. Podría convertirse en un servicio central para DolomitiBelluno.it y para la futura aplicación DOLO+GO: no solo contar adónde ir, sino ayudar a cada uno a elegir el lugar adecuado a su manera de vivir la montaña.

Educar, informar y controlar

La vigilancia que llevan a cabo el Ente del Parque y la Unidad de Carabineros del Parque es indispensable, pero ningún territorio puede protegerse solo mediante sanciones. La primera defensa es cultural: información correcta, educación ambiental, señalización comprensible y comportamientos coherentes por parte de quienes viven la montaña y la cuentan.

Cuando las normas se incumplen a sabiendas, los controles son necesarios. Pero el resultado más importante se alcanza cuando una persona renuncia por iniciativa propia a entrar en una zona delicada, lleva al perro con correa, reduce la velocidad en bicicleta o elige otro recorrido porque ha comprendido el motivo de esa limitación.

La libertad de dejar viva la montaña

La verdadera libertad no consiste en pretender que toda actividad sea posible en todas partes. Consiste en poder seguir encontrando una montaña viva: con sus silencios, sus animales, sus bosques, sus pastos, quienes trabajan en ella y quienes llegarán después de nosotros.

No todo puede hacerse en todas partes. Aceptarlo no reduce nuestra experiencia: le devuelve su valor. Entrar en los Dolomitas con respeto significa recordar que formamos parte del paisaje solo durante el tiempo de nuestro paso. La mejor huella que podemos dejar es la que apenas se ve.

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Al Mazaròl

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