Llevaba dos días lloviendo. En los valles del Agordino los alerces ya habían tomado el color del óxido y el agua bajaba por cada barranco. Entonces, en la tarde del lunes 29 de octubre de 2018, el siroco cambió de voz. Aquella noche, en las Dolomitas de Belluno, el bosque se vino abajo.

Quien ha pasado un otoño en la montaña conoce el sonido de la lluvia larga, esa que no hace ruido pero no para nunca. Desde el 27 de octubre, el viento húmedo del sur empujaba las nubes contra las montañas y las vaciaba allí mismo, sobre las crestas. En Agordo, en los dos primeros días, cayeron más de trescientos milímetros de agua. En Col de Prà, en el municipio de Taibon Agordino, el pluviómetro había contado 610 a las nueve de la noche del 29 de octubre; después dejó de funcionar. En Soffranco, encima de Longarone, la Región del Véneto registró 667 milímetros: más que el récord que el Cansiglio conservaba desde la inundación de 1966.
Luego llegó el viento. Los técnicos de ARPAV, al reconstruir aquellas horas, escribieron que en muchos valles se pasó en poquísimos minutos de la calma a ráfagas de más de cien kilómetros por hora. En el monte Cesen, en los Prealpes, una ráfaga alcanzó los 192 kilómetros por hora; en el paso Pordoi y en el monte Avena, 147; en el paso Valles, 149. No era un chaparrón pasajero. En el Cesen, entre las seis y las siete de la tarde, hasta el viento medio superó los 120 kilómetros por hora: fuerza de huracán, en la escala que usan los marineros.
La mañana siguiente
Cuando amaneció, muchos pueblos estaban a oscuras y sin teléfono, con las carreteras cortadas por los árboles y el agua. En los días siguientes, decenas de miles de abonados de la provincia se quedaron sin luz, y a algunas aldeas los generadores llegaron en helicóptero. Los torrentes habían cambiado la forma del fondo del valle. En los Serrai di Sottoguda, la garganta que sube desde Rocca Pietore hacia la Marmolada, el Pettorina había crecido hasta seis metros por encima del lecho, arrastrando piedras y troncos y llevándose buena parte de los catorce puentes y largos tramos de la carretera.

Pero era al mirar hacia arriba cuando se entendía. En las laderas del Agordino, del Cadore y del Comelico, bosques enteros de abetos rojos yacían en el suelo, con los troncos alineados como si una mano enorme los hubiera peinado. En tres municipios, Rocca Pietore, Livinallongo del Col di Lana y Colle Santa Lucia, había desaparecido gran parte del bosque que durante generaciones había sujetado la nieve por encima de las casas. Los nivólogos calcularon que habían surgido unas 800 hectáreas de nuevas zonas de aludes, con más de seiscientos edificios expuestos.
En todo el Véneto, las primeras mediciones contaron unas 12.500 hectáreas de bosque dañado; en Italia, más de 42.000, en casi quinientos municipios, con ocho millones y medio de metros cúbicos de madera en el suelo. La Región calculó en 1.769 millones de euros los daños totales de la tormenta en el Véneto, y en 185 millones solo la recuperación de los bosques. Son cifras enormes, pero para quien vive en estos valles Vaia tiene sobre todo un lugar concreto: el bosque de detrás de casa, el sendero del domingo, la ladera que se veía desde la ventana y que, de un día para otro, ya no estaba.
El trabajo lento de los que se quedaron
Tras la tormenta llegó el tiempo de las motosierras, los camiones y los cables forestales. En Val Visdende, en el Comelico, el viento había derribado unas 650 hectáreas de bosque, algo así como trescientos mil metros cúbicos de madera. En junio de 2021, más del ochenta por ciento ya se había vendido, trabajado y sacado del monte. En Costa d’Antola, en siete hectáreas, se plantaron unos dieciocho mil plantones: abeto rojo y alerce en su mayoría, y después haya, pino silvestre y otras frondosas. No una copia del bosque de antes, sino un bosque más variado.
Pero no en todas partes se decidió despejar. En las zonas que protegen los pueblos de los aludes, las primeras indicaciones regionales de 2019 pidieron dejar los troncos donde estaban: un terreno áspero y lleno de obstáculos sujeta la nieve mejor que una ladera limpia. Es una de las lecciones más inesperadas de Vaia. A veces el desorden protege.
También hicieron falta años para devolver las carreteras y los lugares. En los Serrai di Sottoguda, cerrados por una ordenanza desde el 7 de diciembre de 2018, Veneto Acque llevó a cabo, por encargo del Comisario, una obra de más de 13 millones de euros. La garganta reabrió el 31 de julio de 2024, al principio como «obra abierta» y con reserva previa. Este verano el Ayuntamiento la ha abierto todos los días, del 6 de junio al 20 de septiembre. Quien la recorre hoy camina por pasarelas nuevas, entre las mismas paredes de roca que aquella noche vieron pasar la crecida.
En aquellos meses hubo muchos voluntarios, y entre ellos estaban los Alpini. La Associazione Nazionale Alpini recuerda la participación de su Protección Civil en las labores posteriores a Vaia. Es el mismo espíritu que el Gruppo Alpini di Salce pone al principio de su web, con las palabras de Nardo Caprioli.
«Aiutare i vivi per onorare i morti» (Ayudar a los vivos para honrar a los muertos)
El enemigo pequeño
Cuando parecía que lo peor había pasado, a los bosques de Belluno llegó un huésped que no se oye llegar. El escarabajo tipógrafo es un coleóptero de pocos milímetros que vive bajo la corteza del abeto rojo. En los millones de troncos que quedaron en el suelo encontró comida y refugio como nunca antes, y de ahí pasó a los árboles que seguían en pie, ya debilitados por la tormenta. Desde 2021 ha afectado en el Véneto a entre once y doce mil hectáreas de bosque, con los daños más graves precisamente en la provincia de Belluno y en el altiplano de Asiago. El pico llegó entre 2022 y 2023; después, la plaga empezó a frenar.
Quien subió en esos años hacia los puertos quizá recuerde las manchas rojizas en medio del verde, los abetos que se secaban en pie, un verano tras otro. El escarabajo alargó la sombra de Vaia mucho más allá de la noche de la tormenta. Lo cuenta también «Il silenzio della foresta», el documental de Marco Recalchi que la Región presentó el pasado septiembre en el Lido de Venecia.
El bosque que vuelve
Hoy, en las laderas que hace ocho años eran una maraña de troncos, ha vuelto el verde. Hierba, arbustos, árboles jóvenes junto a los tocones que el tiempo va deshaciendo. Quien pasa en coche puede pensar que todo ha terminado. Quien camina sabe que no es así: un bosque de montaña necesita décadas para volver a ser bosque, y el que crezca no será igual al que cayó. Tendrá otras especies, otras edades, otra manera de sujetar la nieve y el agua.
Mientras tanto, la madera de Vaia se ha convertido también en memoria. En la cima del Fertazza, a 2.082 metros, entre la Val Fiorentina y el valle del Cordevole, el escultor Marco Martalar construyó con aquellos troncos un ciervo de siete metros de altura. Mira hacia el Civetta y el Pelmo, y desde allí arriba se ven bien los bosques que están volviendo a crecer.
Quien quiera volver a estos valles en otoño encontrará ideas y consejos en nuestra guía de las Dolomitas de Belluno en otoño. La carretera de los Serrai sube hacia la Marmolada, que es también la meta del paso Fedaia en bicicleta. En el Agordino se pasa por Cencenighe, cruce de valles. Val Visdende está entre los rincones de Belluno lejos de las multitudes. Y sobre cómo estar en la montaña con respeto escribimos La montaña no es nuestra.
Ocho años son poquísimo para un abeto y muchísimo para la memoria de un valle. Un niño nacido después de Vaia ve una ladera verde y baja y puede creer que siempre fue así. Les tocará a quienes estaban allí contarle cómo era el bosque, y que una noche de otoño se lo llevó el viento. Después, despacio, la montaña volvió a empezar.
Fuentes
- Región del Véneto — I numeri del disastro
- Valt, Salvatori, Salzano, Marigo — La tempesta Vaia e i nuovi siti valanghivi, Neve e Valanghe n.º 93 (AINEVA)
- ARPAV en Ecoscienza 6/2018 — In Veneto la tempesta perfetta
- Chirici et al., Forest@ 2019 — Primera estimación de los daños forestales
- Región del Véneto — Val Visdende, saca de madera y reforestación (7 de junio de 2021)
- Región del Véneto — Reapertura de los Serrai di Sottoguda (31 de julio de 2024)
- Ayuntamiento de Rocca Pietore — Ordenanza n.º 24 del 5 de junio de 2026
- Región del Véneto — El escarabajo tipógrafo e «Il silenzio della foresta» (10 de septiembre de 2026)
- Il Post — Los daños en la provincia de Belluno (1 de noviembre de 2018)
- Gente Veneta — Abonados sin luz y generadores en la provincia de Belluno (noviembre de 2018)
- Región del Véneto — El escarabajo tipógrafo y fondos para los bosques (10 de febrero de 2022)
- Associazione Nazionale Alpini — Las intervenciones de la Protección Civil
- GreenMe — El Ciervo del Fertazza de Marco Martalar
- ARPAV — Vaia y nuevas zonas con posible riesgo de aludes
